Objetivo del programa
Por qué hacemos formación.
En la Asociación De Maior Crea partimos de una idea sencilla pero que lo cambia todo: a partir de la jubilación las personas se pueden reinventar, entran en una etapa creativa. Una etapa nueva, con tiempo, con biografía, con criterio, con cosas que decir y herramientas para decirlas.
A esto lo llamamos Longevidad Creativa, y no es el nombre bonito de un curso: es el paradigma desde el que trabajamos. Ese paradigma desplaza el foco. Lo aleja del relato del envejecimiento como pérdida o dependencia y lo lleva a un sitio mucho más interesante: la longevidad como una etapa fértil, ilusionante, productiva en el sentido cultural de la palabra. Una etapa con ikigai —con razón para levantarse por la mañana— en la que las personas no son sujetos a los que cuidar, sino autoras a las que escuchar.
Por eso nuestra formación no fabrica alumnos: acompaña a creadores.
Y por qué importa
La esperanza de vida se ha alargado de forma extraordinaria. Eso es una conquista colectiva, no un problema demográfico. Lo que tenemos por delante —y este es uno de los grandes retos del siglo XXI— es decidir qué hacemos culturalmente con ese tiempo añadido. Si lo entendemos como una sala de espera o como el escenario de un nuevo propósito.
Mayores como creadores de cultura
Aquí está el giro que más nos importa. En la Asociación De Maior Crea las personas mayores no son únicamente alumnas: son creadoras de cultura, productoras de contenidos y protagonistas de obras propias. Y, además, son mentoras, tutoras y mecenas de las generaciones más jóvenes con las que se cruzan en nuestros proyectos.
El conocimiento y los valores que han acumulado durante décadas no son un archivo cerrado: son material vivo que puede transmitirse, contrastarse y multiplicarse en un modelo intergeneracional que enriquece a toda la sociedad.
Hacer formación, para nosotros, es construir ese espacio. Un espacio donde una persona de más de 55 años no llega a "ver qué tal se le da", sino a contar, a compartir, a colaborar en equipo.
El cine como uno de los vehículos
Elegimos la ficción audiovisual porque es, probablemente, la herramienta expresiva más completa que existe. Cuando alguien se mete en un rodaje —aunque sea un cortometraje— le pasan muchas cosas a la vez: escribe, interpreta, decide encuadres, opera técnica, monta, escucha al equipo, defiende ideas, cede otras. Aprende a contar, y aprende a contar con otros.
Nuestros participantes pasan por todos los oficios: guion, dirección, interpretación, producción, sonido, montaje. Lo hacen acompañados por profesionales del sector, no por monitores que improvisan. Y lo que sale al final no es una "actividad simbólica": son obras con valor artístico y social propio, que se ven, que se proyectan, que se discuten.
Por el camino, claro, ocurren también cosas valiosas a otro nivel: se adquieren competencias digitales, se trabaja en equipo, se refuerzan la autoestima y la autonomía, se construye pertenencia al grupo. Pero esos son efectos, no el objetivo. El objetivo es el cortometraje. La obra. El acto de creación.
Combatir el edadismo, el estereotipo del mayor pasivo y prescindible, no se hace solo con campañas: se hace poniendo obra encima de la mesa. Cortometrajes, historias, personajes, miradas. Pruebas, en definitiva, de que la creatividad no caduca.
Por eso hacemos formación.